Última semana del año litúrgico – Cristo Rey

Comentario a las lecturas de la liturgia del domingo 25 de noviembre al sábado 1 de diciembre

Tal vez porque esta fiesta fue instituida en 1925, tiempos de lucha contra los totalitarismos, parece evocar grandes manifestaciones, como para conquistar el mundo, para instaurar “un reino eterno y universal, reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz…”, como lo propone el Prefacio.

En nuestra situación actual esto no sólo suena irónico, sino incluso desalentador. Pero, tal vez porque pensamos que ese Reino debemos construirlo nosotros. Y no se trata de eso. El mismo Prefacio nos muestra qué celebramos: Celebramos algo que ya ocurrió: Cristo ya ha “sometido a su poder la creación entera”, para entregar el reino al Padre.

A Él lo vemos en el evangelio de este domingo “dando testimonio de la verdad”, como reo, conducido ante Pilato; a merced de los poderes de este mundo. A su reinado no se llegará, entonces, por el camino de la dominación, de la fuerza, ni de la riqueza. Él ha establecido su reinado liberándonos de nuestros pecados, por medio de su sangre, como nos dice el Apocalipsis en este domingo. Hemos de abrirnos, entonces al reconocimiento de la verdad de nuestros pecados…: eclesiales, personales, sociales. Y con Él, hemos de morir a ellos. Como decía el P. Hurtado: “La transformación en Cristo supone identificarse con el Maestro, aun en sus horas de Calvario. No puede, por tanto, ser apóstol el que por lo menos algunos momentos no está crucificado como Cristo. Nada harán, por lo tanto los que hagan consistir únicamente el apostolado, la Acción Católica, en un deporte de discursos y manifestaciones grandiosas…”.

Ya no hablamos de Acción Católica, pero reconocemos que el Señor nos ha llamado a ser discípulos misioneros, como tradujo nuestra vocación la Conferencia de Aparecida. Y, si hemos imitado a Pedro desconociendo nuestro discipulado, imitémoslo también en una conducta que manifieste el: “Señor, tú lo sabes todo… sabes que te quiero”.

Con esa actitud podemos escuchar en la semana los textos del Apocalipsis que nos llaman a prepararnos con mayor urgencia para el día en que se manifestará plenamente el triunfo del Señor sobre el pecado y la muerte, y también los capítulos apocalípticos del evangelio de san Lucas, que ven la destrucción de Jerusalén como anuncio del Juicio Final. Como modelo de espera vigilante, tenemos a la viuda pobre, que pone toda su vida en manos del Señor.

El calendario universal celebra esta semana sólo al apóstol san Andrés, el primer llamado por Jesús, según el evangelio de san Juan. Es el patrono del Patriarcado de Constantinopla a quien celebramos el viernes 30. Por su intercesión podemos pedir que el Espíritu Santo nos anime a todos los cristianos para redoblar nuestros esfuerzos en pro de la unidad entre nosotros.  El santoral jesuita recuerda esta semana el lunes 26 a san Juan Berchmans (+1621),  es el patrono de los estudiantes algo más jóvenes (=’juniores’) de la Compañía. Por su parte, la familia paulina celebra ese mismo día a su fundador, el Beato Santiago Alberione (1884-1971). El sábado 1, por último, el santoral de la Compañía celebra la  memoria de los mártires ingleses (Edmund Campion, Robert Southwell, etc…, 10 santos y 16 beatos) muertos por su fidelidad a la Sede Apostólica romana en diversos momentos en el siglo XVI y XVII. Es otro momento apropiado para orar por la unidad de los cristianos.