Tercera semana del Tiempo durante el año

Comentario a las lecturas de la liturgia del domingo 27 de enero al sábado 02 de febrero.

En el ciclo dominical parecería que sólo en este domingo comienza definitivamente el tiempo ordinario. Los elegantes versículos iniciales del evangelio de san Lucas se anteponen a la escena inaugural del ministerio de Jesús en Nazaret. Y el mismo Jesús declara solemnemente que en ese día se ha cumplido lo anunciado por Isaías: ha llegado  la Buena Noticia para los pobres, se anuncia la liberación a los cautivosla vista a los ciegos, la liberación de los oprimidos y se ha  proclamado el año de gracia del Señor. Sólo se omite la última frase del oráculo, que proclama un día de venganza para nuestro Dios.

La escena evangélica está precedida por el relato de la renovación de la Alianza en tiempos de Esdras, al retorno del exilio en Babilonia. Es el momento que puede señalarse como el comienzo del judaísmo, porque corresponde a la última recopilación de la Torah.

Ambos textos enmarcan la presentación que nos hace Pablo de la Iglesia como Cuerpo de Cristo, formado por diversos miembros y animado por el Espíritu que da a cada miembro el carisma que necesita para el servicio de todos. Éste es el Cristo que contemplaremos a lo largo del año: ese Cristo al que fuimos incorporados en nuestro Bautismo y que cuenta con nosotros para seguir evangelizando a nuestro mundo. “Evangelizar”, que no es sinónimo de ‘moralizar’; de eso se trata, de comunicar la alegría del amor de un Dios que no busca vengarse de nadie, sino que invita constantemente a volverse hacia Él, enderezar nuestros caminos, para sentirnos realmente su familia.

Oír esta Palabra del Señor en el contexto eclesial que hemos vivido, nos anima a pedir para todas nuestras comunidades la capacidad de reconocer los dones que todos hemos recibido, la de poner esos dones al servicio de la comunidad y la de respetar los carismas ajenos. Cuando nuestras comunidades vivan así en sus distintos ambientes y culturas, estaremos haciendo llegar a todas partes las palabras de Jesús: “Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”.

Durante la semana, la Mesa de la Palabra seguirá alimentándonos con la carta a los Hebreos y el evangelio de san Marcos. La primera, profundiza en el Sumo Sacerdocio de Jesucristo, del que participamos todos por haber sido incorporados a Él. Viviendo, entonces, de su misma vida, nuestra vida y nuestro trabajo se hacen ofrenda al Padre, y tenemos desde ahora ya abierto el acceso al Santuario del cielo. En san Marcos asistimos al ministerio galileo de Jesús, donde experimenta la soledad y la incomprensión de sus parientes, y escuchamos las parábolas del Reino.

El santoral nos presenta esta semana a dos notables testigos del Evangelio: El lunes 28 celebramos a santo Tomás de Aquino (1225-1274), cuya reflexión teológica ha iluminado  y sigue iluminando a la Iglesia, y el jueves 31 recordamos a san Juan Bosco (1815-1888), educador y  fundador de la familia salesiana, de tan importante presencia en la Iglesia en todo el mundo.

La semana se cierra con la última fiesta del ciclo de Navidad: La Presentación del Señor, el sábado 2 de febrero. Como proclama Simeón, Jesús es la Luz que ilumina a todos los pueblos. Por eso se entra con ‘candelas’ encendidas a la misa de este día y pedimos la gracia de que, iluminados por Él, podamos entrar al Santuario definitivo con un corazón liberado de las ataduras del pecado y de la muerte.