Sexta semana del tiempo durante el año

Comentario a las lecturas de la liturgia entre el 12 al 18 de febrero de 2017.

El evangelio de san Mateo nos muestra a Jesús como el nuevo y definitivo Moisés. Jesús no vino a abolir la Ley, sino a darle plenitud. Eso no significa que debamos escuchar sus palabras en clave moralista. Por eso, las oímos en este domingo después de escuchar a san Pablo y al autor del Eclesiástico, y después de haber pedido a Dios la gracia “de vivir de tal manera que encuentre en nosotros una morada digna de su agrado”. Se trata de lo que Pablo llama “sabiduría misteriosa y secreta… que ninguno de los dominadores de este mundo alcanzó a conocer”.  Una sabiduría que se nos da en cada sacramento, que nos in-corpora a Cristo hasta transfigurarnos en Él.  A lo que se nos llama este domingo no es a autodestruirnos, sino a vivir la plenitud humana que Cristo nos regala…. Esa plenitud que, por coincidencia providencial, se nos muestra en la escena evangélica que contemplaremos el sábado: La revelación del Hijo amado del Padre, con la orden de escucharlo, dada en el Tabor.

En la semana, el evangelio de Marcos complementa de manera práctica lo que escuchamos por Mateo en el Sermón de la Montaña. Las escenas del ministerio de Jesús en Galilea y en los alrededores paganos, que hemos comenzado a contemplar desde la semana anterior, nos van haciendo cada vez más conscientes de que Jesús nos desafía a optar por Él. El “signo de contradicción” que se nos anunció en la fiesta de la Presentación se nos muestra en estos días con claridad creciente. Y la figura de Pedro nos hace tomar conciencia de que, como él, a menudo queremos un Mesías glorioso, y hemos de aprender –caminando tras Jesús- a aceptar el camino de la cruz, que siempre nos resulta desconcertante. La sabiduría de Dios nos supera y nos obliga a pedirla…

La mesa se la Palabra en los días de la semana nos lleva a los textos sapienciales de los primeros capítulos del Génesis. Podemos mirar allí también cómo nos cuesta a los seres humanos entrar en la lógica de la sabiduría de Dios. Como una síntesis, el texto de la carta a los Hebreos que se nos ofrece el sábado, nos explica por qué hemos estado mirando a esos, nuestros antepasados en la fe: “sin la fe es imposible agradar a Dios”.

Y el recuerdo de los testigos más cercanos de la fe, nos asegura la participación en la victoria del amor de Dios, sobre nuestra dureza de corazón y de mente. El martes 14, además del más o menos legendario san Valentín,  recordamos a los hermanos Cirilo y Metodio (vivieron entre el 815 y el 885), que llevaron la luz del Evangelio a los pueblos eslavos y, para ello, tuvieron que inventar un alfabeto, de modo que las Escrituras se hicieran asequibles a esa cultura exótica. Anunciaron la fe y crearon una forma de celebrarla. Y tuvieron que vencer, con el apoyo del Papa,  a los burócratas de la curia que sostenían que no se podía celebrar la liturgia sino en los idiomas del calvario. Junto con san Benito, estos santos son los patronos de Europa. El miércoles 15, en el calendario de la Compañía, tenemos la memoria de san Claudio La Colombière (+1682), el “fiel servidor y perfecto amigo” de Jesús, que apoyó a santa Margarita María en el establecimiento de la devoción al Corazón de Cristo. El viernes 17, se puede recordar  a los siete varones florentinos que en el siglo XIV fundaron la orden de los Siervos de Santa María Virgen (Servitas).

Liturgista amateur y colaborador frecuente del sitio Jesuitas Chile. Da Ejercicios Espirituales y forma parte del equipo del Centro de Espiritualidad Ignaciana. Consultor del Arzobispado, de la Conferencia Episcopal y de la Santa Sede en temas de ecumenismo y diálogo interreligioso.

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