Segunda semana del Tiempo durante el año

Comentario a las lecturas de la liturgia del domingo 20 al sábado 26 de enero.

El “signo” de la transformación del agua en vino no es un detalle anecdótico en la vida de Jesús. El evangelista Juan lo destaca: En lo que parece ser la solución de un problema doméstico de unos amigos, Jesús “manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en Él”. Es el tercer cuadro del tríptico de la Epifanía el que estamos invitados a contemplar, una semana después de haberse cerrado el ciclo de Navidad.

Deberíamos saber y sentir que la relación de Dios con su Pueblo es una relación nupcial. Nos lo recuerda el texto de Isaías que abre la mesa de la Palabra en este domingo. “…el Señor pone en ti su deleite y tu tierra tendrá un esposo”.

Esa tierra es la Iglesia-Esposa, extendida por toda la tierra y reunida en cada comunidad local donde se participa del “banquete de bodas del Cordero”. Por eso, nuestra situación eclesial se parece a la de los novios de Caná: Nos estamos quedando sin el vino que debería alegrar nuestros corazones (cf. Salmo 10415). Porque a menudo no hemos hecho lo que Él nos dijo: hemos confiado en diversos poderes, en nuestros planes, en nuestros ritos, en “lo que se ha hecho siempre”. Nuestra sal se ha hecho insípida.

¿Qué pide Jesús a los sirvientes? Que traigan agua… ¡mucha agua! ¡Pero que la traigan y llenen las tinajas hasta arriba! Él podría haber hecho que el vino llegara de otra manera. Pero necesitó que los sirvientes colaboraran con su esfuerzo. ¡Y eso fue lo que se transformó en el mejor vino!

El Señor cuenta con nosotros para que se hagan realidad las bodas que anuncia Isaías. Que pongamos el agua que cada uno o cada una tenga… Como nos enseña Pablo:“Hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu”. Cuando, como Pueblo de Dios, aprendamos a valorar y compartir los dones que todos hemos recibido, se acabará cualquier tipo de abuso, y brindaremos con un vino mejor, para que podamos manifestar la gloria del Señor y comunicar la Alegría del Evangelio.

Durante la semana, la Mesa de la Palabra sigue ofreciéndonos  la carta a los Hebreos, y nos presenta a Jesucristo Sumo Sacerdote, de cuyo sacerdocio participamos en nuestra común condición de bautizados y bautizadas. En Él, nuestra vida diaria se hace culto agradable a Dios, y nuestro mundo puede configurarse así con el Santuario celestial. Junto con la carta a los Hebreos seguimos en este tiempo el evangelio de san Marcos, en el que contemplamos el ministerio galileo de Jesús. La novedad radical del Evangelio, que celebra la presencia del Esposo y no se limita al cumplimiento de la letra de la ley, comienza ya a provocar el conflicto y la conspiración contra Jesús.

En el santoral de esta semana resulta impedida la memoria del popular san Sebastián, patrono del ejército español,  fiesta que será seguramente celebrada en sus santuarios, especialmente en Yumbel. El lunes 21 se recuerda a santa Inés, otra mártir muy popular, que habría sufrido el martirio muy joven en Roma, a comienzos del siglo IV. El 22, en Chile podemos celebrar la memoria de la bienaventurada Laura Vicuña (+1904), mientras el calendario de la Iglesia universal permite recordar la memoria del diácono y mártir san Vicente (+304), diácono de Zaragoza y patrono de la ciudad de Valencia (España). El recuerdo del obispo san Ildefonso de Toledo, que se celebraba el 23, ya no está en el calendario universal, pero se puede encontrar su historia en Los Milagros de Nuestra Señora, de Gonzalo de Berceo. El que sí está en el calendario, el jueves 24 es el gran obispo san Francisco de Sales (1567-1622), patrono de los periodistas, maestro de espiritualidad y fundador de la Orden de la Visitación. Por último el viernes 25 y el sábado 26 celebramos respectivamente la fiesta de la Conversión de san Pablo y la memoria de sus santos discípulos los obispos Timoteo y Tito.

Entre el 18 y el 25 de enero, se celebra en el hemisferio norte el Octavario (o Semana) de Oración por la Unidad de los Cristianos. Entre nosotros, se celebra alrededor de la Solemnidad de Pentecostés, pero es una intención por la que deberíamos orar todos los días. Este año, con la ayuda de los cristianos de Indonesia, se nos propone: “Actúa siempre con toda justicia”.