San Francisco Javier: Evangelizar hasta los confines de la tierra

Hoy 3 diciembre, día en que recordamos a San Francisco Javier, el padre Paul Mackenzie SJ, nos ayuda a reflexionar sobre su carisma misionero. En esta primera semana de Adviento, pidámosle a San Francisco Javier que nos ayude a ser valientes y alegres para escuchar el llamado de Dios y llevar el Evangelio donde Él nos pida.

Reflexión de Paul Mackenzie SJ, capellán colegio San Francisco Javier de Puerto Montt

El lunes 3 de diciembre se celebra la fiesta del patrono de nuestro colegio San Francisco Javier de Puerto Montt. Francisco Jasso Azpilicueta Atondo y Aznarez, más conocido como Francisco Javier, nació en 1506 en el castillo de Javier (Reino de Navarra). Francisco había abrazado la carrera eclesiástica y en 1528 va a París a la Universidad de la Sorbona, donde conoce a Ignacio de Loyola con quien estableció una sólida y bonita amistad. San Ignacio le repetía constantemente la frase de Jesucristo: “¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si se pierde a sí mismo?”. Y fue justamente esa amistad y las frecuentes pláticas e intensas oraciones lo que transformó por completo a San Francisco Javier, quien fue uno de los siete primeros compañeros con los cuales San Ignacio fundaría años después la Compañía de Jesús. Es ordenado sacerdote en 1537 en Venecia y se ponen bajo las órdenes del Papa, quien aprueba la Compañía de Jesús en 1540. Ese mismo año es enviado por Ignacio a Lisboa (Portugal), donde comenzará su vida MISIONERA.

Comenzó a ser misionero a los 35 años y murió a los 46 años. En once años recorrió la India,  Japón y varios países más. Su gran anhelo era poder evangelizar a la gran nación China. Pero en ese lugar estaba prohibida la entrada a los blancos de Europa. Al fin consiguió que el capitán de un barco lo llevara a la isla desierta de San Cian, a 100 kilómetros de Hong-Kong, pero allí lo dejaron abandonado, se enfermó y consumido por la fiebre, murió el 3 de diciembre de 1552.

El 3 de diciembre se celebra la fiesta de San Francisco Javier. Son pocos los hombres que tienen el corazón tan grande como para responder a la llamada de Jesucristo e ir a evangelizar hasta los confines de la tierra. San Francisco fue uno de ellos. Ha sido llamado “el gigante de la historia de las misiones” y el Papa Pío X lo nombró patrono oficial de las misiones extranjeras y de todas las obras relacionadas con la propagación de la fe. A la luz de su día queremos hacer memoria de San Francisco Javier que, inundado del amor a Cristo y de su Espíritu, lo dejó todo, con tal de proclamar el Evangelio. Fue convertido y transformado por la fuerza del Espíritu Santo y no se volvió atrás. Fue un enamorado de Cristo: que se dejó conducir por Él.  Además, fue un hombre de una disponibilidad asombrosa para ser enviado a anunciar el Evangelio a todas partes.

Él nos enseñó con su vida y sus palabras las condiciones que debe tener todo aquel que quiera seguir a Jesús y servirlo: generosidad, desprendimiento, disponibilidad, libertad interior, encuentro profundo y sincero con el Señor, amor hasta dar la vida, celo profundo por las almas, buena formación, testimonio de vida, entre otras. Su persona nos sigue interpelando y nos ayuda a vivir nuestra fe auténtica y entregada de verdad a los demás. También nos mostró que a pesar que estaba lejos de sus compañeros es posible vivir la unidad de espíritu y ser verdaderamente compañeros en la misión. San Francisco nos anima a no desfallecer ante las dificultades que vivimos como Iglesia y nos anima a poner al centro de nuestra vida a Jesucristo y no perder el sentido profundo de la llamada que Dios nos hizo un día: enamorados de Cristo, seguirlo y servirlo en los demás, dándolo todo por un amor concreto, especialmente poniendo el acento en los más pobres, los más abandonados, tristes o que lo pasan mal por distintos tipos de injusticias. Nos invita a no encerrarnos en nosotros mismos o en los problemas que nos aquejan, sino salir, mirar más allá, buscar dónde poner la fuerza. Nos anima a no perder el celo apostólico y darlo todo por amor a los demás.

Pidámosle a San Francisco Javier que interceda por nosotros y nos aliente a seguir entregándonos a Dios y los demás con alegría, entusiasmo, y fortaleza. Que nos ayude a discernir los llamados en que Cristo nos invita a servirlo en este presente concreto que nos ha tocado vivir.