Quinta semana del tiempo durante el año

Comentario a las lecturas de la liturgia entre el 5 al 11 de febrero de 2017.

Esta semana se abre con el llamado del Señor a que seamos luz del mundo y sal de la tierra, palabras de Jesús que escuchamos después de las de Isaías: “Si compartes tu pan con el hambriento…, si cubres al que ves desnudo…entonces despuntará tu luz como la aurora…”.La luz de Cristo no es el brillo de la farándula; cada cristiana o cristiano…, la Iglesia misma, están llamados a iluminar con la luz que brota de Cristo crucificado, como nos recuerda Pablo en la segunda lectura del domingo. No estamos llamados a imponer autoritariamente el Evangelio, sino a ofrecerlo, como lo hizo Jesús: sanando a los enfermos, soltando la lengua de los mudos, abriendo los oídos de los sordos y los ojos de los ciegos. Viendo, enfrentando y curando las heridas y quemaduras concretas, corporales y espirituales, de nuestro mundo como la corrupción, las conductas abusivas y el deterioro del medio ambiente, por ejemplo.   Para ello, hemos de convertirnos de corazón al verdadero Dios: Él no es un dictador egocéntrico, preocupado por la etiqueta de quienes se presentan ante él. Él se complace en las obras que nacen de la pobreza de corazón, del hambre y sed de justicia, no en el ritualismo vacío que pretende satisfacerlo a Él, descuidando a quienes son sus hijas e hijos.

Los breves versículos del sermón de la Montaña que se nos ofrecen en la mesa de la Palabra de este domingo son, por lo tanto, un pórtico muy coherente con los capítulos de Marcos que recibimos durante la semana en el leccionario ferial. Y en este año  estamos invitados a escucharlos en el contexto del plan original de Dios: Abrimos los primeros capítulos del Génesis para contemplar el amor de Dios desplegándose en favor nuestro y para recordar también cómo entra en el mundo la muerte, fruto de querer sacar a Dios de su lugar, para hacernos nosotros los conocedores del bien y del mal. Los salmos interleccionales de esta semana nos invitan primero a alabar a Dios que nos llama a la fiesta de la vida,  y luego, ante el desastre del pecado, a buscar en Él refugio y misericordia.

En el santoral, el lunes 6 celebramos la memoria de los veintiséis mártires del Japón (+1597), encabezados por los jesuitas Pablo Miki, Juan Soan y Diego Kisai, con un grupo de laicos japoneses y de franciscanos españoles. Entre estos  últimos, el mejicano Felipe de Jesús, primer mártir latinoamericano. El martes 7, se puede recordar al Bto. Pío IX (1792-1878), que fue papa desde 1846.  El miércoles 8 puede celebrarse a san Jerónimo Emiliani (1486-1537),  fundador de los clérigos de Somasca, o a santa Josefina Bakhita (1868-1947) nacida en el Sudán, llevada como esclava a Italia, donde fue bautizada, alcanzó la libertad y se hizo religiosa. El viernes 10 es la memoria de santa Escolástica (+547?), virgen, hermana de san Benito, y el sábado 11 se celebra la memoria de las apariciones de la Virgen María en Lourdes, día dedicado también a orar especialmente por los enfermos. Así el santoral ilustra ampliamente nuestra vocación de ser luz del mundo y sal de la tierra: Recordamos a hermanas y hermanos que, por diversos caminos, con distintos carismas, han sido luz para su época y también para la nuestra.

Liturgista amateur y colaborador frecuente del sitio Jesuitas Chile. Da Ejercicios Espirituales y forma parte del equipo del Centro de Espiritualidad Ignaciana. Consultor del Arzobispado, de la Conferencia Episcopal y de la Santa Sede en temas de ecumenismo y diálogo interreligioso.

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