Décima primera semana del tiempo durante el año

Comentario a las lecturas de la liturgia entre el 19 al 24 de junio.

La solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, ha impedido que el domingo escuchemos la introducción y la primera parte del llamado ‘discurso apostólico’ en el capítulo 10 del evangelio de san Mateo. Es bueno tenerlo presente, porque seguiremos escuchándolo en los domingos siguientes, en el contexto eclesial de estar preparándonos para un Sínodo que nos hace enfrentarnos a evaluar nuestra manera de anunciar el Evangelio. Cómo hacer para que constituya un desafío vital para los jóvenes que buscan su lugar en un mundo crecientemente laicista: un mundo donde la pregunta por Dios parece carente de sentido. Ante este mundo, nosotros creemos que Cristo -presente en su Cuerpo, que es la Iglesia- nos llama a seguirlo y anunciarlo especialmente con nuestra manera de vivir. Para eso, Él mismo se ha quedado con nosotros y, en la fiesta de su Corazón Sagrado, que celebraremos el próximo viernes 23, nos invita a acercarnos a Él, con nuestras perplejidades y aflicciones, para que Él, que es paciente y humilde de corazón, nos alivie y nos devuelva la esperanza. Los textos de la mesa de la Palabra en ese día (Deuteronomio 7, 6-11; 1 Juan 4,7-16 y Mateo 11,25-30) nos permiten asomarnos al interior mismo del corazón divino, para recuperar allí las fuerzas para proclamar vitalmente la alegría del Evangelio.

Desde el lunes, la Mesa de la Palabra nos sigue alimentando con la segunda carta de san Pablo a los Corintios y con el Sermón de la Montaña en el evangelio de Mateo. La segunda carta a los corintios es, en realidad, un “archivo” de correspondencia entre el apóstol y una comunidad muy viva. El lunes se nos ofrece un texto de la parte final de ese archivo. Pablo muestra cuál es su servicio a la comunidad. De allí pasará a manifestar su cariño por esa comunidad que le ha dado tanto trabajo. El martes y el miércoles se nos presentarán dos esquelas del apóstol a la misma comunidad promoviendo la generosidad de los corintios por la comunidad necesitada de Jerusalén. El jueves, cambia el tono, porque se trata posiblemente de una carta anterior, “fuerte”, en la que Pablo reprende a los corintios, que se han dejado enredar por otros maestros. Es bueno reconocer que las “crisis” no son novedad en la Iglesia.

El final del capítulo 5 y el capítulo 6 de Mateo, encuentran ciertamente su corazón en la oración que Jesús nos enseña. Hemos de saborear el amor del Padre, para poner nuestra vida en sus manos. Buscaremos, entonces, el Reinado de Dios y su justicia, sabiendo que nada nos faltará.

En el santoral de la semana celebramos el miércoles 21 a san Luis Gonzaga (1568-1591) quien, después de haber dejado todo para ingresar a la recientemente fundada Compañía de Jesús, murió tras haberse contagiado atendiendo a los apestados en Roma. El jueves 22 se puede recordar tanto a san Paulino de Nola (+431), obispo, como a santos John Fischer y Tomás Moro (+1535), mártires por su fidelidad a la unidad de la Iglesia. Tomás Moro, gran humanista, es el patrono de los políticos cristianos. Pero la semana se cierra haciéndonos celebrar el 24 a san Juan Bautista, el Precursor, que es también modelo de todo testigo del Evangelio: Ser una voz que anuncia y que desaparece cuando llega el Anunciado.

Liturgista amateur y colaborador frecuente del sitio Jesuitas Chile. Da Ejercicios Espirituales y forma parte del equipo del Centro de Espiritualidad Ignaciana. Consultor del Arzobispado, de la Conferencia Episcopal y de la Santa Sede en temas de ecumenismo y diálogo interreligioso.

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