Cuarta semana del tiempo durante el año

Comentario a las lecturas de la liturgia entre el 29 de enero al 4 de febrero.

La oración colecta de este domingo es una de las más sencillas de la liturgia. Pide lo esencial: Honrar a Dios de todo corazón, y amar a todas las personas con amor verdadero. Nos introduce así en el espíritu de la Bienaventuranzas, que este año escuchamos en la versión de Mateo. Al compararlas con la versión de Lucas, aparecen más como el programa de Jesucristo que propiamente como el anuncio de una felicidad que ya se tiene. Además, al pronunciarlas Jesús desde la montaña, asume la función del definitivo Moisés, que da a conocer la Ley que Dios escribe en los corazones. Por otra parte, como se está leyendo la primera carta de san Pablo a los Corintios, resulta una  combinación muy armoniosa: Jesús llama a tener alma de pobres y Pablo invita a contemplar la pobreza de la comunidad: su fuerza evangelizadora no está en el poder, ni en la sabiduría ni en la nobleza mundana. Dios elige lo que no vale nada, para aniquilar a lo que vale a los ojos del mundo.

La lógica de Dios se nos olvida a menudo, y creemos que estamos bien cuando vemos a la Iglesia en medio de los poderes de este mundo. Tal vez por eso, estos primeros años del siglo XXI han sido de despojo y de humillación, algo similar a lo que se omite de la profecía de Sofonías en el texto de la primera lectura de la mesa de la Palabra. El Señor deja un resto humilde de su pueblo, porque la mayoría ha rendido culto a otros dioses. Los baales del mundo actual ya no son ídolos visibles y locales: son el poder, el prestigio, el dinero…, el placer… Ídolos que no son exclusivos del pueblo, sino también  – y tal vez más – de quienes detentan algún tipo de autoridad, laica o eclesiástica. Si somos menos en la comunidad, no es sólo porque estemos en época de vacaciones. Es también porque el Señor está dejando un resto pobre y humilde que se refugie en Él.  Un resto que puede escuchar con esperanza las palabras de Jesús en el Sermón de la Montaña: “Felices los pobres… los afligidos… los pacientes”.

Durante la semana, la mesa de la Palabra continúa haciéndonos acompañar a Jesús en los comienzos de su ministerio en Galilea, liberando a los oprimidos por enfermedades espirituales y corporales, y compartiendo su misión con los Doce, mientras enfrenta la incomprensión de los suyos. Mientras tanto, la carta a los Hebreos nos hace contemplar a la “nube de testigos”: las grandes figuras del Antiguo Testamento, que nos han dejado un ejemplo de fe, al que se han unido los que han sido fieles en el nuevo Pueblo de Dios. La carta termina invitándonos a imitar a esos testigos y a dejarnos perfeccionar por el Señor.

En el santoral se destaca una fiesta que pertenece más bien al tiempo de Navidad: La Presentación del Señor, el jueves 2. Se trata de una fiesta de Cristo, aunque el título popular de la Candelaria le deja un sabor a  fiesta mariana, especialmente en los santuarios de Copiapó, de san Pedro de la Paz y de Osorno. El texto evangélico de este día nos anuncia ya la comunión en la cruz del Hijo y su madre, cuyo corazón será traspasado por la espada del dolor.

El santoral propiamente tal, esta semana nos recuerda el martes 31 a San Juan Bosco (1815-1888), fundador de los Salesianos y de las Hijas de María Auxiliadora. El viernes 3 se recuerda a san Blas, obispo y mártir armenio (+316), muy popular en regiones de España y en Paraguay. El mismo día es también la memoria de san Óscar, obispo que evangelizó los países nórdicos: Dinamarca, Suecia, etc. Vivió entre los años 801 y 865. El sábado 4, el calendario de la Compañía de Jesús celebra a san Juan de Brito[1] (1647-1693), mártir portugués que abrió caminos para el Evangelio en la India.

[1] Junto con él se recuerda a los bienaventurados mártires Rodolfo Aquaviva y cuatro compañeros (en Salsete, India, 1583).

Liturgista amateur y colaborador frecuente del sitio Jesuitas Chile. Da Ejercicios Espirituales y forma parte del equipo del Centro de Espiritualidad Ignaciana. Consultor del Arzobispado, de la Conferencia Episcopal y de la Santa Sede en temas de ecumenismo y diálogo interreligioso.

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