Apostolado Intelectual

Llamados a un ministerio instruido
Todo jesuita está llamado a colaborar en la misión de la Iglesia y de la Compañía de Jesús a partir de una rigurosa y profunda reflexión en todos los ámbitos donde sea enviado. La pasión por la fe y la justicia, el amor por el Evangelio y por la construcción del Reino de Dios mueven al pensamiento a involucrarse y a comprender la complejidad de las distintas situaciones humanas. Y no sólo a entender al hombre y a la mujer, sino también a discernir el paso de Dios en medio nuestro. Es la misión de Cristo la que nos mueve al trabajo intelectual.
El trabajo intelectual nace de la cercanía y empatía con la historia humana. Una reflexión requiere encarnación, vivida de manera consecuente por aquel que la ejecuta. La razón, si no va unida a la acción consecuente, se pierde y carece de todo valor.
Los jesuitas vivimos nuestro trabajo intelectual a partir de la larga formación en filosofía y teología, así como en otras áreas del conocimiento. También lo vivimos en la enseñanza en colegios y en la reflexión sobre la educación, en talleres para agentes pastorales de nuestras parroquias, en centros sociales y de espiritualidad, en la investigación en centros de enseñanza y universidades, en publicaciones, revistas y medios de comunicación.El trabajo de pensar la fe y acercar el Evangelio a las personas es un servicio permanente de la Compañía de Jesús a Jesucristo y a la Iglesia. En este oficio no hay discriminación ni de personas ni de lugares. Se trabaja junto a los pastores, los laicos, los agentes pastorales, junto a ricos y pobres, a gobernantes y gobernados. La dimensión intelectual está presente en todos los apostolados de la Compañía de Jesús: “En el contexto de los complejos retos y oportunidades de nuestro mundo contemporáneo, nuestro ministerio requiere toda la erudición e inteligencia, imaginación y perspicacia, estudios sólidos y análisis rigurosos que podamos acumular. Superar ignorancias y prejuicios mediante el estudio y la enseñanza, hacer realmente del Evangelio una «Buena Noticia» a través de la reflexión teológica en un mundo confuso y turbado, es una de las características de nuestro modo de proceder.” (Congregación General XXXIV, d. 26, nº 20).
En definitiva, el encuentro personal de cada jesuita con Jesús mueve al esfuerzo por articular de manera seria y rigurosa un pensamiento honesto y profundo de la fe y la justicia. Una reflexión que haga inteligible la acción de Dios en la historia y en las personas, que evidencie la misión de la Iglesia en medio de este mundo; que haga comprensible las luchas y las necesidades de los pobres. Un pensamiento que haga accesibles a la razón las situaciones de marginación y de exclusión; que inserte la fe en medio de la política, la economía, la medicina, la sociología, el arte, la literatura y de todas las disciplinas que buscan comprender el modo de habitar del hombre en el mundo. Una reflexión, finalmente, que promueve un lenguaje teológico acorde a los signos de los tiempos. A lo largo de su historia, el servicio intelectual de la Compañía de Jesús busca continuar la preciosa labor de pensar, comprender y articular las razones de creer, las razones de vivir y las razones para seguir esperando.
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